Cantuneando: “Ilumínale los pies al Muerto”, una tradición que reunió a más de cinco mil personas en la noche; por doquier se veían seres humanos tratando de cumplir con subir y bajar en el Picacho. En los sesenta del siglo pasado, cuando la lucha era muy fuerte entre comunistas y derechistas, los primeros parapetados en el Hospital Civl de Monterrey, N. L. hirieron a cuatro estudiantes de medicina y un médico me llevó a un hospital privado donde me “apoyó” con una bata para obtener la información de los lesionados.

APersonalfoto3Por Lázaro Cantú.- Fueron más de cinco mil los asistentes al evento “Ilumínale los pies al Muerto”, en el Cerro del Muerto o Picacho. Desde las seis de la tarde empezaron a subir los cientos de personas con una linterna en sus manos y hasta ya muy noche regresaron los últimos seres humanos, aunque a las 22:30 se buscó organizar el retiro o “bajada” de los últimos contingentes, según informes.
La aglomeración era enorme. Algo poco visto. Aunque es una tradición que ha durado varios años, cada vez ocurren más personas. Muchas no se les permitió llegar hasta la capilla y regresar, porque ya era “muy noche”. Y en eso consiste el evento en subir el cerro, llegar hasta la capilla y regresar, pero con una linterna cada persona, para alumbrar el espacio en que camina en la noche
Un servidor junto con la señora y una hija, fuimos al lugar. En el rumbo pensábamos comprar las linternas o baterías, pero al ver tanta gente y vehículos por doquier, se prefirió el regreso. Era imposible caminar o difícil, ya que la gente lo hacía uno tras otro. “Era hermoso “ ver aquel ambiente de tanto ser humano reunido en un evento nocturno, en un mundo de oscuridad. Actuaron autoridades de los distintos niveles para el control, como Cruz Roja, Protección Civil y otras. .
Da la idea de que esa tradición, que al parecer ha durado 14 años, debe continuarse, pero con otro eventos o aprovechar el Cerro del Muerto para organizar actos diversos. Pese a estar un poco lejos, fuera de la ciudad, la gente llegó y participó con entusiasmo enorme, como un “día de campo”, Se hacen eventos en la capilla con ciertos grupos, danzantes y más. Todo esto fue dentro del Festival de las Calaveras, se dijo.
Era la década de los sesenta del siglo pasado. Prevalecía la lucha muy fuerte entre el comunismo y el derechismo o el imperialismo. Un grupo de los comunistas se había apoderado del Hospital Civil o Universitario de Monterrey, N. L. y habían colocado obstáculos en las tres entradas. Al frente los estudiantes de la Facultad de Medicina de la Universidad de Nuevo León, una institución muy prestigiosa apoyada por la Fundación Kellog, que está contigua, buscaba el rescate del nosocomio. Los balazos surgieron de lo alto del hospital e hirieron a cuatro estudiantes.
La policía lanzaba gases lacrimógenos para lograr la dispersión de los estudiantes. Era aquello “terrible”, nos tocó estar en medio del incidente y los ojos sufrían el problema. Insistían aún así en el rescate los estudiantes. El Director de la institución médica ocupada, un amigo, me vio y dijo “vamos al Hospital Muguerza”, un nosocomio l particular muy reconocido. Al llegar pidió batas para él y un servidor. Así logré cubrir la información de los heridos, cuántos balazos tenía cada uno y su gravedad, ninguno había muerto, afortunadamente.
Era amigo del médico porque en los inicios de la vida periodística el periódico había ordenado cubrir la información de una huelga de médicos internos y residentes en el Hospital Civil, me habían dado en el Periódico El Porvenir treinta pesos para sostenerse todo el tiempo necesario hasta que terminara el problema o fuese necesario. A las 36 horas ininterrumpidas concluyó la huelga con la intervención del Rector. La conclusión fue a las dos y media de la mañana y en esos momentos envié la información al periódico que paró prensas y sacó la información exclusiva ese mismo día. Una gran satisfacción, pero el Director del Hospital quiso golpearme por ser muy persistente en la información.
En la Universidad de Nuevo León hubo otros problemas por los comunistas y derechistas. Tiempos difíciles, que luego volvieron a la normalidad. Hasta la próxima.

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